Vestir caro y feo, ¿una absurda moda? Vestir caro y feo, ¿una absurda moda?

Balenciaga

¿Por qué no nos importa vestir objetivamente feo si la marca es cara?

Las marcas de lujo ofrecen ropa simple o incluso fea a un precio desorbitado, y la gente lo compra sin rechistar, haciéndonos creer que son modernos por comprar una sudadera rota de Balenciaga por 1.000 euros.

Por Jon Irisarri  |  22 Febrero 2022

En el mundo de la moda, las marcas de alta gama siempre han buscado la forma de diferenciarse del resto. Mientras la gran parte de la sociedad opta por comprar marcas convencionales que no suponen un gran gasto, existe un cierto sector de la población realmente interesado en conseguir la ropa más cotizada del mercado. Y muchas veces, esta no difiere demasiado (al menos estéticamente, claro) de la que vemos en el Primark o en el Pull&Bear, pero solo por llevar su insignia en algún lugar de la prenda, el precio se multiplica por 50.

¿Y por qué la gente se gasta tanto dinero en vestir una camiseta que, objetivamente, no aporta nada nuevo? Porque la moda no atiende a razones, no se puede entender desde el raciocinio y la objetividad. En ella, lo que marca la diferencia es, valga la redundancia, la marca. La marca, la firma, el logo, todo ello prevalece sobre el producto. Se busca que aparezca Gucci en la camiseta más que en su belleza o en su comodidad. De hecho, muchas veces se hace de tripas corazón y prácticamente uno se obliga a ver la belleza de la fealdad. ¿No habéis pensado alguna vez: "qué hace esta chica con él, si es muy feo" (o viceversa)? El amor, ya sea a una persona o a un estilo de ropa, va más allá de la razón.

Las marcas más lujosas se aprovechan de esa extraña obsesión que hay con ellas (sustentada por el capitalismo, pero ese otro tema) para lanzar productos al mercado a un precio desorbitado, sin importar el tipo y la belleza de los mismos. El prestigio y la fama que han ido logrando a lo largo de los años crean la sensación de producto anhelado por los pobres y orgullo de los ricos, que corren a comprar en sus tiendas para demostrar al mundo que pertenecen a la clase social dominante.

Vestir caro, una forma de diferenciación social

Y es que, en relación con ese prestigio social, se puede y se debe considerar que llevar ropa cara se ha convertido en una forma de diferenciación social. Es decir, el sector de la moda siempre ha sido una forma de mostrar lo mejor de cada uno, pero con una esencia claramente elitista. La esencia se mantiene a la hora de llevar ropa cara, en tanto en cuanto sirve como una manera de demostrar tu estatus social al mundo.

En la sociedad actual, donde buscamos diferenciarnos del resto las 24 horas del día, esto encaja como un guante. Si la ropa extravagante podía servir como una forma de hacerlo, a esto se le añade una doble diferenciación. Yo, al contrario que tú, me puedo permitir lucir extravagante y caro. Y además te lo voy a enseñar.

Las marcas de lujo se han aprovechado de ello y están como pez en el agua, ofreciendo extravagancia y sensación de riqueza en sus prendas, incluso si se basan en productos más asociados a una clase obrera o trabajadora. Te plantan una sudadera rota con el logo de Balenciaga por 1.350 euros, la venden como "sudadera con efecto envejecido", y stonks. O lo que es peor, una chaqueta reflectante de basurero por casi 3.000 euros (agotada, por cierto). Imitamos a los pobres, pero solo para divertirnos, que el logo de Balenciaga nos diferencia a ellos.

La sudadera rota y la chaqueta reflectante de Balenciaga La sudadera rota y la chaqueta reflectante de Balenciaga, imagen de sustitución
La sudadera rota y la chaqueta reflectante de Balenciaga Balenciaga

Más allá del clasismo, ¿por qué esa asociación de la riqueza a lo extravagante, o más bien a lo feo? Firmas de lujo como Vetements tienen como lema: "Es feo, por eso nos gusta". El feísmo se ha convertido, según varios diseñadores de moda, en una forma de subvertir y de demostrar que juegan en el territorio de lo radical. Las prendas feas tienen la capacidad de hacer cambiar de opinión a la gente, de crear debate y de dar forma al gusto. Esta capacidad, según ellos, es mucho más atractiva que una prenda considerada bonita según los estándares.

Karl Rosenkranz ya hablaba en el siglo XIX acerca de la estética de la fealdad, y las nuevas generaciones de los diseñadores de moda no han dudado en seguir su ejemplo. Al fin y al cabo, ocurre como en la alta cocina, donde los maestros del gremio apuestan por crear un producto novedoso que rompa con todo lo establecido. Quizás quienes estén acostumbrados a un uso práctico de la ropa vean esto como un disparate, y tiene sentido, pero puede que para los grandes diseñadores estos productos sean una aportación artística sin precedentes. Para gustos los colores.

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