Faldas para hombre: ¿estamos ya preparados para llevarlas? Faldas para hombre: ¿estamos ya preparados para llevarlas?

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¿Estamos preparados los hombres para llevar faldas en el día a día?

Los diseñadores llevan años queriendo implantarla en la moda masculina, pero de momento, las faldas para hombre están reservadas para los artistas más rompedores: ¿el resto de la sociedad está preparado para lucirlas y romper más barreras de género?

Por Guille Galindo  |  13 Agosto 2021

La pasarela siempre avanza más rápido que la calle. No hay moda que no haya tardado años en instaurarse en la población, y siempre con un aspecto mucho menos atrevido del que tenían en mente los primeros diseñadores que pensaron en la tendencia. Al final, una cosa es desfilar en la Paris Fashion Week entre tanto snobismo, y otra ir por tu barrio con gente que te conoce y puede juzgarte. Por eso, muchas de las tendencias que ya conocemos para la primavera/verano de 2022 no saldrán de las semanas de la moda.

Esta distancia, a veces insalvable, entre lo irreal (la moda de las grandes firmas) y lo real (lo que vemos en el día a día) se manifiesta en la moda masculina una prenda que, por si fuera poco, cuenta con un importante escollo extra que hace más difícil todavía su expansión en nuestros armarios: los estereotipos de género, todavía presentes en el mundo de la moda. Hablamos de una de las prendas que más debate generarán en esta década: las faldas para hombres.

La rebelión de la falda contra los estereotipos

Las reglas de género siguen presente en lo que respecta a la vestimenta. Lo acabamos de ver en el deporte, con la multa de la Federación Europea de Balonmano (EHF) al equipo noruego de balonmano playa femenino por llevar mallas cortas en vez de braga de bikini.

La sociedad no está tan avanzada como nos gustaría creer, y se siguen asociando determinadas prendas a un vestuario masculino y a un vestuario femenino, entre ellas la falda. Por tanto, no vamos a vender la moto y decir que la falda va a ser la próxima tendencia de 2022, porque tardaremos años en que se asiente definitivamente. Será un proceso lento, como sucede con el maquillaje o con las uñas pintadas, entre otros ejemplos asociados a lo 'femenino'.

Aun así, ambos son más sencillos de instaurarse porque son menos rompedores estéticamente que dejar el pantalón y ponerte una falda. En la extraña pero atrayente relación entre las skirts y los hombres, estas siempre han sido un símbolo de reivindicación y rebeldía. Lo vemos desde la moda hippie de los 60, pasando por el estilo punk, glam o el actual queer, diferentes formas de expresión en su momento reivindicativas que aportaron su granito de arena a la visibilización de la falda como complemento masculino.

La pasión de los diseñadores por todo aquello que rompe los grilletes de la tradición llevó a que las faldas a un lugar privilegiado en las campañas de moda para hombre de las firmas más selectas, sobre todo desde que Jean Paul Gaultier se atreviera a incluirla por primera vez en un desfile. Desde entonces, Gucci, Givenchy (parecemos una canción de Bad Bunny) Burberry y muchas más adoptaron este elemento transgresor. Y así hasta ahora.

La cuestión es: ¿cuándo saltará la falda a la moda estándar masculina?

Esta pregunta todavía no tiene respuesta. Depende de lo que evolucionemos, y de hasta qué punto estamos dispuestos a quitarnos de encima tantos prejuicios y estereotipos con esta prenda. Lo único que podemos hacer hoy es intentar eliminar la creencia general de que las faldas solo las pueden llevar mujeres, o que en caso de que sea un hombre quien lo haga, esto determine tu preferencia sexual.

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Pensar que Lil Nas puede llevarla porque es gay y tú no porque eres hetero no es solo homófobo y perpetúa unos estereotipos asociados a un simple trozo de tela abierta, sino que además es incierto. Hemos visto en la última década a Kanye West, Justin Bieber, Bad Bunny y hasta a Vin Diesel, icono de la masculinidad, luciendo faldas de todo tipo, y no ha pasado absolutamente nada. Ahora solo queda implantarlo en la vida real del ciudadano de a pie, y si bien es más difícil y costará tiempo, puede servirnos para reivindicar nuestra seguridad en nosotros mismos con independencia de lo que opine el resto.

En resumen. Queda un largo camino por recorrer para que las faldas se instalen definitivamente en nuestros armarios. Los primeros pasos ya están dados: aparición en las pasarelas, los famosos más transgresores luciéndolo, disponibles en cada vez más tiendas... Ahora solo falta que haya valientes que las usen si realmente les gustan, sin importarles el qué dirán, y sobre todo, alejarnos de una mentalidad cerrada y tradicional que dice que un juguete, un color o una prenda son de un género u otro. Esto costará más, pero nos ayudará a ser más felices.

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